Después de la faena se puso a preparar la comida, unas lentejitas y unos boquerones fritos, y gazpacho que quedaba de ayer. Cuando lo tuvo todo listo serían las doce y pico. A esa hora se sentó en una silla frente a la tele y se puso con el traje de gitana de su nieta. Con unos cuantos arreglos serviría perfectamente aunque fuera el del año pasado, tampoco había crecido tanto la niña. Y con lo buena mocita que era y lo bien que le iba a quedar el traje seguro que iba a ser la más guapa de la feria. Pero al ratito de estar allí sentada, con el traje entre las manos, cerró los ojos. Se acordó de su marido el pobre, que se murió de pronto, sin ver a su nieta. Se acordó de cuando lo conoció, lo cortado que era el hombre, sus domingos de paseos por la avenida y el puente de los hierros comiendo pipas, su boda tan sencilla, un desayuno con dulces y bizcochos, comparada con la que se lía ahora; su viaje de novios que fueron a Sevilla en el correo y estuvieron tres días en un hotel precioso o al menos así lo recuerda ella. Se acordó del trabajito que les costó salir para adelante con los dos niños. Él, trabajando toda la vida en el campo, echando más horas que un reloj. Cuando se vino a jubilar apenas quedaba la sombra de lo que fue. El muchacho guapetón se había convertido en un viejo consumido y tan sin vida. Por eso, cuando no llevaba ni dos años jubilado, se murió así tan de repente. Ella tuvo más suerte porque empezó muy joven a trabajar sirviendo en una casa de una gente muy buena con ella. Cuando se murió la señora, se acabó el trabajo también. Pero nunca le habían faltado casas para limpiar y para encalar hasta prácticamente hace unos años, que vio que no podía más con su cuerpo. Con lo poquito que le quedó de su marido y el poquito que le ha quedado a ella podía sobrevivir perfectamente; aunque con su Juan metido en casa y sin trabajar era todo más difícil. Por poco que gastara, que gracias a Dios el muchacho no era mal hombre, había que darle dinerito para que se comprara tabaco y que tuviera para sus cosillas. Por eso, en el Rosario por quien más le había pedido a la Virgen era por su “chico”.
Con el traje de gitana entre las manos y los ojos cerrados también se acordó de su nieta, tan guapetona y tan lista; y con ese nombre tan raro que su hija le había puesto, que hasta a ella misma le costaba trabajo pronunciar. Cuando estaba embarazada y supieron que esperaba niña al pronto pensó que le iban a poner Ana, por su abuela. Le hubiera hecho mucha ilusión y lo daba por hecho. Ella a su hija no le puso Ana, sino el nombre de su suegra; pero ahora por lo visto se le ponen otros nombres más modernos. Por eso cuando se enteró cómo le iban a poner al final a su nieta no dijo nada, se calló como había hecho tantas veces. Y desde que nació la quería con toda su alma, y le daba cien besos cada vez que la veía, que hasta a la niña le daba vergüenza cuando le cogía en la calle y la veía la gente. Así que por su nieta también pidió en el Rosario para que estudiara mucho y le saliera un buen novio que la quisiera de verdad. Ahora que la Virgen estaba en el pueblo parecía que la iba a escuchar mejor. Así que además de su por su hijo le pidió por su hija, su yerno, su nieta, la suegra de su hija que estaba mala la mujer, y por el hijo de la vecina que tenía unos exámenes ahora. También le pidió para que se arreglara la crisis esa, y por los niños que se morían de hambre y que salían en el telediario… Se olvidó pedir por ella misma.
Aquella mañana después de ir al Rosario para pedir por toda su gente, de hacer las compras, las faenas de su casita y de preparar el almuerzo, Ana se puso a arreglar el traje de gitana de su nieta. Cuando había dejado todo hecho y arreglado, antes de que se levantara su “chico”, antes de que llegara la Romería de ese año, antes de que el tiempo siguiera su carrera insaciable, Ana cerró los ojos. Pero no los abrió más; se quedó como dormida, mecida entre sus recuerdos, entre sus esperanzas y sus pesares. Se fue de un mundo al que cada vez pertenecía menos; y de una vida que nunca le había pertenecido porque la entregó a los suyos, trabajando desde que cumplió los catorce años y entró a servir en una casa extraña hasta que cerró los ojos una mañana de septiembre, con un traje de gitana entre las manos y el sueño de que una niña con un nombre raro fuera la más guapa de la feria.
Javier Vidal
Nota del autor: La protagonista de esta historia no es real. No se refiere a ninguna persona concreta, aunque todos podemos tener en mente a una mujer que pueda encajar más o menos en la historia. A todas ellas va dedicado este escrito.
9 comentarios:
Preciosa y tierna historia.
He dejado volar la imaginación mientras me adentraba en tu relato, y cualquiera puede ver a su madre o a su abuela reflejada en esta historia.
(Javier: Me encanta tu manera de escribir).
Gracias Elvira, me lee poca gente pero con esas palabras de aliento da gusto seguir escribiendo. Y tú lo debes entender porque tienes ahí una buena materia prima y muy buenas incursiones en el mundo de la creación literaria.
somos pocos pero fieles....
Buho, lo más bonito de España (bueno, de Suecia). Un abrazo mu grande desde el hoyo de las puercas
y algun dia, todos cerraremos los ojos, y estaremos tb cabilando en alguna que otra cosa...una pena, la verdá, tener que irse.
Hola Javier,
Me ha gustado mucho tu relato. La verdad es que me ha traido muchos recuerdos. Un megáfono, el dios te salve salve María, la carroza para la Romería después del Rosario, los madrugones. En fin, excesos de juventud, jaja.
Un abrazo
jajaja. Todo muy bonito en septiembre, pero cuando llega octubre, esto pega un bajón del quince, parece que nos han dado un mazazo a todos en la cabeza. El pueblo tiene sus días, pero cuando no los tiene esto es mortal.
Otro abrazo
Coño tío conforme iba leyendo pensaba joder, Ana, Juan, soltero y en casa hasta los ypico. ¿De que va esto y quien lo ha escrito?. Menos mal que luego Ana empieza a coser y digo no. No es mi Ana y menos mal, pero he sentido una historia tan cercana, que al final esperaba con ansia saber quienes eran e incluso he hecho el esfuerzo de recordar los muertos del pueblo de antes de la romeria y no me salia ninguno. En realidad es una ficcion nada ficticia, porque se retrata muy bien nuestro pequeño mundo mas cercano.
Besotes
Es una forma de hacer justicia con la gente invisible y con esa gente invisible que tenemos en el pueblo, gracias.
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