17 diciembre 2009
Déjame esta noche soñar contigo
08 diciembre 2009
Una historia como otra cualquiera V
Y a partir de ahí todo fue sobre ruedas. No me acuerdo de nada de lo que hablamos aparte de eso; sólo sé que afortunadamente no tuve que recitarle la perorata sobre el estudio de la universidad de Conecticut, que después que se tomaran un vodka con naranja al que invité yo acompañamos a la amiga a su casa (por fin) y a mi ya casi novia a la suya; y al abrigo de las estrellas nos dimos un beso que aún me quema, Maricruz! (¿dónde he escuchado esto antes?). Descubrí que no me importaba en absoluto que fumara como un carretero y además, Ducados; que a a veces no sabía si estaba con una niña de mi pueblo o con John Wayne. El caso es que aquella noche volví a mi casa feliz por primera vez en mucho tiempo y comprendí, también por primera vez, aquello de "me saben tus besos a menta y canela"; si bien a mí me sabían otra cosa, qué se le iba a hacer.
Al día siguiente ya estábamos saliendo; o al menos eso creía yo.
Mi recién estrenada amante no era especialmente atractiva, tampoco era guapa como quien dice; ERA simplemente, estaba en el mundo. No resultaba desagradable pero engañaba mucho. Digamos que se sabía arreglar para ocultar todos los desperfectos. Llegué a la conclusión de que cuando era más chica había sido gorda y fea, incluso acomplejada por eso; pero con el tiempo se fue puliendo hasta descubrir los complementos que arreglaban su aspecto: color de pelo, de ojos, labios, maquillaje, peinado... Y la verdad es que daba el pego; pero estoy seguro que, sin arreglar, podía pasar delante de una obra ochenta veces y los albañiles quedarse tan panchos comiéndose el bocadillo de atún. Tampoco se podía decir que tuviera una personalidad arrolladora; a lo mejor con el tiempo se hacía una comentarista política o una rebelde ecologista pero, por ahora, digamos que era una muchacha que prefería no estar muy al corriente de lo que pasaba en el mundo porque le gustaba más disfrutar de cosas un poco más triviales. En definitiva una del montón que veía los mismos programas de la tele que mi abuelo y que compartía con mi madre el gusto por las telenovelas.
Yo tampoco es que fuera demasiado original; físicamente me puedo parecer a media Europa, y lo único rebelde que he hecho en mi vida ha sido ponerme un pantalón amarillo sin que estuviera de moda. En realidad nos habíamos juntado dos pusilánimes vulgares y corrientes. Paseábamos por la Avenida y nos encontrábamos con treinta y siete parejas igual que nosotros; parecía que nos hubieran puesto con un tampón. Aunque estoy seguro que yo era más feliz que todos aquellos repeinados con pantalones de pinzas... si bien no creo que pueda decir lo mismo mi compañera de paseo...
(Continuará...)
Todas las partes anteriores del relatos pinchando AQUI
27 octubre 2009
Una estrella se ha escapado
Una estrella se ha escapado. La HE0457-
En un entorno donde todo fluye y todo se mantiene al ritmo previsto. En un espacio en el que ya teníamos controladas todas las luces, en el que todas salían y desaparecían al mismo ritmo desde el principio de los principios. En esta lánguida explosión controlada, en esta lenta agonía espacial. En el vacío del vacío una luz ha huido aprovechando un descuido del tiempo.
Ningún científico está convencido de sus explicaciones a este inesperado suceso y ninguno se atreve a confirmar nada. Algunos dicen que se puede deber a la presencia cercana de un agujero negro, que pudo actuar como honda. Lo que alertaría de que los agujeros negros no siempre engullen lo que encuentran o a quien se encuentran, sino que a veces pueden actuar de tirachinas y lanzarte muy lejos de ellos.
Según opinan los científicos a esta estrella fugitiva sólo la podrá parar “una improbable colisión con otra estrella que circule más ordenadamente” (Fuente: www.elpais.es ) Pero a la HE0457-5439 no le importan las razones ni las causas, ni el fatídico final que le puede esperar en medio del espacio. La estrella fugitiva deja sin palabras a los científicos. Es un desafío al ordenado caos espacial.
La HE0457-5439 no es consciente de su hazaña; sólo baila su danza de libertad recién estrenada. Ahora sólo quiere disfrutar de su vertiginoso paseo espacial en busca de nada y hacia ninguna parte. Y su huida es un canto de esperanza para las demás estrellas, presas de la monotonía y rondadas por un silencioso ejército de agujeros negros.
24 octubre 2009
Siempre me pasa lo mismo

Siempre me pasa lo mismo.
Me gusta pasear por las calles de la ciudad como si no fueran mías ni yo fuera de ellas. Una ciudad conocida y desconocida al mismo tiempo. Unas calles por las que he pasado mil veces pero que cada vez es como si fuera
Y paso como una sombra, como si nadie me viera; y me gusta. Siento que nadie me ve y es probable que nadie me vea. Siempre me pasa lo mismo. Voy a una exposición; en medio de una plaza llena de viejos y niños han montado una carpa los de ACNUR. Dentro de la carpa recrean un campo de refugiados de Kosovo, con los grifos, los aseos improvisados, el suelo polvoriento... Dentro de la carpa hay tiendas de campaña y dentro de las tiendas hay fotos de niños y suena la voz de los niños quejándose. Todo está bien conseguido, provoca lástima. Al salir, una muchacha me hace un cuestionario y me pregunta si la exposición me ha hecho sentir como si fuera un refugiado. Yo le contesto que sí, pero los dos sabemos que no es lo mismo; ser refugiado no es estar en una carpa en medio de una plaza llena de viejos y niños. Siempre me pasa lo mismo.
Hago el camino de vuelta; los peatoncitos de los semáforos se ponen en verde como para que no pare, para que pase. Al principio me alegraba esa casualidad; parecía que tenía enchufe en la delegación de circulación: iba llegando yo a cruzar la calle, los coches se iban parando y finalmente el peatón se ponía en verde. Pero cuando llego a mi destino y llego a mi hora o antes de tiempo siempre lamento la complicidad eléctrica de los semáforos. Siempre me pasa al final; siempre me pasa lo mismo.
Y hoy, cuando iba llegando a mi casa, me ha pasado lo mismo. He pasado ajeno al mundo, bajo mis auriculares, envuelto en la música de la radio, mirando las cosas y la gente como si no fueran mías, como si yo no fuera de ellas. Pero cuando pasa un rato me empieza a pesar la soledad y ya no quiero ser invisible. Y voy aminorando la marcha, y me quedo parado ante un escaparate o mirando a la gente como si me viera. Pero ya la gente no me ve; y empiezan a cerrar los escaparates y la gente se va para sus casas y se empiezan a escuchar las televisiones desde dentro de las casas acurrucadas en la luz de la sala de estar. Y entonces me entra esa extraña sensación de ir vacío y de llegar vacío.
Y entonces pienso que la vida es una calle o muchas calles y que todas las calles se han paseado por esta tarde y yo he pasado por ellas como si no fueran mías. Y la gente son toda la gente que ya se metió en sus casas que son todas las casas. Y vuelvo mi casa solo, con la soledad de una tarde que es la soledad de toda una vida. Una vida por la que paseo como si no fuera mía, una vida por la que paso con la distancia y el frío del que no guarda ni deja nada en ella. Una vida encerrada en una carpa en medio de una plaza llena de viejos y niños.
Siempre me pasa lo mismo.
14 octubre 2009
Por lo que no será
Jeff Buckley murió en 1997, con 3o años. Estaba a la orilla del Wolf River, en Menphis (Tenesee) con un amigo. Mientras escuchaba "Whole lotta love" de Led Zeppelin de pronto se metió en el río y apareció cinco días después muerto y desnudo. Como decía aquello "ojalá estuvieras aquí" y seguir componiendo e interpretando así, como en esta canción.
Por tantas cosas que no serán valga esta oración cibernética. Por esas canciones que no escucharé y esa vida que no viviré, Jeff Buckley que estás en los cielos...
12 octubre 2009
Obama, los gays y la impaciente espera

"Esta noche un joven tendrá problemas a la hora de conciliar el sueño porque guarda un secreto. Quizá pronto decida que ha llegado la hora de acabar con ese secreto. Lo que suceda a continuación depende de él, de su familia y de sus amigos y profesores. Pero también depende de nosotros, del tipo de sociedad que engendremos y del tipo de futuro que construyamos"
Obama, confiamos en que tus palabras, tus promesas y la esperanza que has encendido tras de ti no se quede en un discurso escrito por un guionista de una empresa subcontratada. Y que ese tercer mundo de inmigrantes, de pobres, de homosexuales, de soñadores, de solitarios, de desempleados, de despedidos, de subsidiados, de desheredados, alguna vez conquiste el mundo, y que este mundo sea entonces para todos.
07 octubre 2009
Una historia como otra cualquiera IV

El sábado siguiente ya me había repuesto un poco de mi traidora autoestima. Esta vez iba dispuesto a unir al fin mi vida a
"‑Oye, perdona que te pisara el otro día ‑, le diría yo con tono despreocupado.
‑Ah, por eso no te preocupes ‑, respondería ella
‑Es que me he comprado unas botas nuevas y no calculo bien las distancias
‑ No importa
‑ Además, andaba un poco despistado entre las luces, el ruido...
‑ Sí, la verdad es que aquí hay demasiado ruido
‑ Y sobre todo las luces, que confunden los sentidos. Hay un estudio que ha hecho un equipo de la Universidad de Conecticut que estudia de qué manera las luces psicodélicas afectan al estado de ánimo de las personas y de qué manera las pueden incitar a bailar, a reírse, a estimular la secreción de adrenalina e incluso la líbido.
‑ ¡Oh! ¡Qué conversación tan interesante! Tú debes ser un intelectual
‑ ¿Por qué lo dices?‑ preguntaría yo, modesto.
‑ ¡Pero si se nota en tu forma de hablar!. Me encantaría seguir hablando contigo; pero en este sitio hay demasiado ruido. ¿Te parece bien que vayamos a un sitio más tranquilo?
‑ Me parece estupendo."
Entonces en ese sitio tranquilo le confesaría que mis botas eran viejas y que en realidad la pisé porque andaba cegado por la pasión que sentía hacia ella. Supuse que era una conversación interesante y una forma memorable de iniciar un idilio.
También había pensado pisarla otra vez disimuladamente para que diera la impresión de que realmente nuestras vidas estaban unidas por el destino; o preguntarle si me conocía porque su cara me resultaba muy familiar, pero ese truco ya estaba muy visto. Otra alternativa era regalarle un disco de Mari Trini, pero recordé su forma de bailar en lo alto de la tarima y descarté que supiera siquiera quién era Mari Trini. Finalmente me decidí por la primera opción.
Esta vez estaba también al lado de
‑Sí, yo era: Es que me había comprado unas botas nuevas y no calculaba bien las distancias.
‑ Además, con las luces y el ruido...
Continuará. Ver las primeras partes de esta historia en "Una historia como otra cualquiera"

