Mi habitación está desordenada. Los discos se amontonan en el suelo, rayados de tanto uso; pongo cualquiera y acabo aborreciéndolo. Enciendo la radio y la apago. Veo a un amigo y al momento sus palabras me parecen soporíferas. Hago un poema y acabo odiándolo. Hago un discurso y no me convence. Pienso las cosas y no las digo y digo las cosas que no pienso (y todo el mundo se ofende). Lloro por las mañanas y río por las tardes. Por las noches me acuesto solo, y a veces conmigo. Empiezo a soñar y acabo durmiendo; empiezo a dormir y acabo despierto. Ni yo me aguanto; ni yo mismo me entiendo. Estoy en vela de ocho a doce y duermo de una a ocho: de doce a una intento terminar un libro interminable que no es de Michael Ende, pero que me aburre como si lo fuera. Empiezo a ser poeta y acabo siendo cursi; empiezo a contar estrellas y acabo destrozando calendarios.Mi habitación está desordenada. Mi cama está sola; mi noche está oscura. Una bombilla se balancea desde el techo y un gato que me mira desde la ventana. Empiezo a tararear una canción y acabo emitiendo sonidos guturales; como cuando era niño y después de mucho llorar sin que nadie me escuchara, descubría, tendido en algún rincón de la casa, el placer del ronroneo. Estoy hecho un desastre; pierdo cosas en la calle y las encuentro en mi habitación. Al levantarme no encuentro los calcetines; al acostarme no cojo el sueño; a los sueños no les cojo la gracia. Porque mi habitación está desordenada. Algún día tendré que arreglar todo esto. Empezaré quitando aquel horrible póster y acabaré poniéndome el pijama; ese que me regalaron cuando fui de viaje, y que nunca me he puesto. Pero ahora no puedo. Ahora sólo puedo apagar y encender la luz, como poseído; o hacer trencitas con los flecos de la colcha. Mi habitación está desordenada. Empiezo a estar de cuerpo presente; pero mi alma está ausente en algún lugar donde aún resuenan ecos de risas... ya lejanas.
No sabía que olvidar fuera a resultar tan difícil.
Javier Vidal
Enero 1996

1 comentarios:
Como siempre, tornas hermoso y cálido lo trivial, lo cotidiano. Seguro que este relato es sólo como una pequeña gota de todo lo que has pensado y escrito en estos años. Cuando se te lee no se sabe si es prosa o poesía lo que escribes; bajo la apariencia de la prosa se esconden bellos versos. Lo que yo digo eres como un "trompe l'oeil" barroco. Yo sigo ávido de tus letras.
Tu frescura, ingenio y sensibilidad son las mejores dotes de un buen escritor. ¡ESCRIBE COÑO! Pa que los comunes mortales sigamos disfrutando de tí (y puede que algún día presumiendo)
Publicar un comentario en la entrada